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Bacharel, Mestre e Doutor em Teologia pela Escola Superior de Teologia (EST). Área de Concentração: Teologia Sistemática. Pesquisador nas áreas de: Estudos Feministas, Teorias de Gênero, Teoria Queer, Masculinidade, Homossexualidade e Diversidade Sexual, na sua relação com Religião e Teologia.

Mensaje de la Organizaciones Basadas en la Fe con Servicio en VIH

Convocados por el Consejo Latinoamericano de Iglesias (CLAI), las Organizaciones Basadas en la Fe con Servicio en VIH (OBF-VIH) y Acción Ecuménica, nos reunimos en la ciudad de Caracas del 7 al 9 de septiembre de 2012 para reflexionar y asumir los desafíos que nos presenta la Salud Sexual y Reproductiva, leída en clave de derechos, como un compromiso con la vida, la esperanza y la fe en Jesús de Nazaret.
La sociedad occidental, y en particular la Región de América Latina y el Caribe, mantiene patrones culturales y religiosos machistas y sexistas muy arraigados, que han permeado las comunicaciones sociales con un discurso sobre la sexualidad centrado en la genitalidad, orientada hacia el disfrute del hombre y la utilización de la mujer como objeto de placer Además, el mensaje dominante de la heterosexualidad fomenta pautas no liberadoras: como la elección forzada de pareja, la presión para iniciarse sexualmente entre niños, niñas y adolescentes, la “demostración” de la virilidad por parte de adolescentes varones y la sumisión de las mujeres. Este discurso ha sido muy perjudicial porque naturaliza la violencia hacia la mujer y desconoce la existencia y los derechos de otros grupos de la diversidad sexual que no entran dentro del patrón heterosexual obligatorio.
Nos encontramos en un momento histórico en que la sexualidad humana se ha comenzado a entender como expresión de la afectividad, como espacio de disfrute y de encuentro, y al interior de nuestras comunidades eclesiales como compromiso con la reproducción de la vida, regalo del Dios Creador (Gn 1, 27-31b).
También estamos conscientes de los grandes vacíos en la formación sobre la sexualidad, tabúes y desinformación que han dificultado el ejercicio de una sexualidad libre, sana, segura y responsable. Esta desinformación, de la que no escapan las comunidades eclesiales, también ha generado estigma y discriminación hacia personas y grupos.
Entendemos que la renovación de nuestras comunidades de fe amerita de la experiencia personal de conversión de sus miembros hacia las nuevas realidades de vulnerabilidad en las que también se esconde y revela el rostro de Dios (Jn 3,3). Por ello, orientamos nuestros esfuerzos en visibilizar a las personas y grupos excluidos creando espacios de inclusión, igualdad y equidad desde la perspectiva de Jesús de Nazaret (Mc 5, 21-43).
Por lo tanto, asumimos el reto de promover la información y educación de la Salud Sexual y Reproductiva, entendiendo ésta desde un enfoque integral de derechos que abarca el bienestar y el desarrollo físico, mental, social y espiritual de la persona humana, a través de procesos de empoderamiento y la construcción de proyectos de vida.
En consecuencia:
1. Reconocemos que los adolescentes en América Latina representan un significativo porcentaje de la población y la dificultad de nuestros gobiernos para aprovechar este bono demográfico; se observa obstáculos en el sistema educativo y laboral para acoger a este inmenso contingente de jóvenes que, al quedar excluidos, se incrementa su vulnerabilidad en materia de Salud Sexual y reproductiva: embarazos y paternidades no planificados, Infecciones de Transmisión Sexual, y ausencia de proyectos de vida. Por lo tanto, asumimos a la población adolescente como prioridad (Lc 13, 13-15) y proponemos el fortalecimiento de una pastoral juvenil que eduque sobre los temas de Salud Sexual y Reproductiva, en perspectiva de fe de acuerdo a las realidades de cada país. También proponemos crear una pastoral juvenil ecuménica en VIH y sida desde un enfoque integral.
2. Nos preocupa el fenómeno del bullying, o acoso escolar que sufren niños, niñas y adolescentes debido a su orientación sexual, identidad y expresión de género, ligado también a otros factores como condición física, socioeconómica, étnica, entre otras razones. En muchos casos, los y las estudiantes traen al aula patrones de violencia, estigma y discriminación heredados y reforzados en la familia, la comunidad, el personal de la misma escuela, los medios de comunicación y las iglesias.
Por tanto consideramos necesario articular los procesos de información y educación de la sexualidad en los centros educativos, con personal docente, padres, madres y representantes, consejos comunales, asociaciones de vecinos y grupos estudiantiles (Jn 17, 21-23).
 
3. Reconocemos la necesidad de promover cambios en las estructuras eclesiales orientados a la equidad e igualdad de género, como de visibilizar la violencia simbólica que existe en nuestras relaciones interpersonales, comunidades eclesiales y en la sociedad; expresadas en actitudes, acciones, lenguaje y gestos que estigmatizan y excluyen a mujeres, niños, niñas y adolescentes, personas que viven con VIH, con discapacidad, de la diversidad sexual y otros grupos vulnerables, que a su vez sufren discriminación por muchas otras razones (edad, color de piel, condición económica, grupo religioso, etc.) Por lo tanto, proponemos crear en nuestras comunidades eclesiales nuevos espacios de diálogo para la formación y capacitación bíblica teológica en relación al tema de la diversidad sexual para promover la inclusión, el respeto, la no discriminación y fortalecer los espacios ya existentes (Hch 8:26-40).
4. Manifestamos que en nuestras comunidades eclesiales hemos tenido dificultades en la comprensión y reconocimiento de la diversidad sexual y que, a su vez, este desconocimiento ha generado actitudes y acciones de estigma y discriminación. Por tanto, nos comprometemos a reconocer la dignidad de estas personas como sujetos de derechos, creados a imagen y semejanza de Dios (Jn 9).
 
5. Reconocemos que en nuestras comunidades eclesiales ejercemos una función de comunicadores/as sociales en materia de Salud Sexual y Reproductiva, pero lamentablemente se observa la ausencia de formación de los líderes religiosos y la presencia de mensajes que atentan contra la dignidad y los derechos de las personas.
Por lo tanto, invitamos a asumir este papel desde un enfoque de derechos, en un clima de inclusión, igualdad y equidad, a través de la formación del liderazgo eclesial y de la comunidad en general sobre los Derechos Sexuales y Reproductivos (Mt 9, 9-13; Mc 4, 33-34).
6. Reconocemos que los discursos construidos en nuestras comunidades eclesiales sobre la realidad invisibilizan a diversos grupos vulnerables incrementando el estigma y la discriminación. Entendemos que es necesario que nuestras practicas pastorales y eclesiales sean más inclusivas en relación a personas que viven con VIH y Sida, personas de la diversidad sexual, adolescentes, mujeres, personas con discapacidad; es necesario que nos sensibilicemos ante esta realidad a través del encuentro con dichos grupos para lograr espacios, gestos, acciones y palabras que nos incluyan a todas y todos (Mt 5, 1-12; Lc 8, 1-3).
7. Entendemos que, en gran medida, el estigma y la discriminación se generan por información errónea o incompleta sobre los temas de la sexualidad. Aunque en nuestro país existe un marco legal y educativo valioso en Salud Sexual y Reproductiva, el Estado no lo ha promovido con suficiente fuerza y las instituciones educativas en general desconocen estas herramientas. Por tanto, nos comprometemos a solicitar al Estado venezolano que socialice las leyes vigentes en materia de Salud Sexual y Reproductiva, y a su vez, a capacitarnos en el conocimiento del marco legal e institucional para así poder promover los derechos sexuales y reproductivos en los espacios formativos de nuestras comunidades eclesiales (Lc 20, 9-19). También invitamos a que las comunidades eclesiales que tienen instituciones educativas incluyan la capacitación docente en materia de Salud Sexual y Reproductiva, teniendo como base las líneas curriculares existentes en nuestro país.
8. Reconocemos la presencia de iniciativas pastorales, espacios de reflexión y la producción de documentos orientadores en materia de educación sexual en algunos espacios de nuestras comunidades eclesiales, a pesar de las dificultades que el tema genera en ellas. Como Mesa Nacional del CLAI y Organizaciones Basadas en la Fe con servicio en VIH, nos comprometemos difundir los productos y resultados de nuestros encuentros de formación y planificación, utilizando las Tecnologías de Información y Comunicación (TICs) (Mc 4, 33-34).
9. Reconocemos las dificultades que tenemos, como colectivo ecuménico, en el trabajo como red, lo cual impide la promoción y el impacto de nuestras acciones y propuestas en materia de Salud sexual y reproductiva. Por lo tanto, proponemos capacitarnos en el trabajo en red para optimizar la ejecución de nuestros proyectos y su impacto personal, eclesial y social (Jn 15, 5. 11-17).
Caracas, septiembre 2012